sábado, 7 de septiembre de 2019
Fatiga
lunes, 2 de septiembre de 2019
Poesía
Poesía
No me gusta la poesía,
pero adoro observarte dormida.
Tu tibia belleza en el lecho:
frágil, indefensa,
apacible, poderosa.
Cosa de dementes es la poesía,
de gentes que miran fijamente a la luna.
Pero paso los minutos observando
la caída de los segundos,
su colapso en el tiempo,
mientras Cronos, inexorable,
sonríe de soslayo.
Veo cómo, a través de la ventana,
languidece con suavidad el día:
una lámina radiante
primero anaranjada,
envuelve el horizonte
entre las últimas luces…
y un puñado de nubes rotas.
Seguidamente verde turquesa
sobre un halo casi extinguido,
y finalmente azul, azul y gris,
gris y negro. Noche.
De ociosos es la poesía,
nido de futilidad,
bosquejo de sueños,
pero persevero cada día
en restar crueldad al mundo,
la falsa moneda, impostura
en la mirada del humano.
No me hables de poesía,
porque en verdad moriría
por verte aparecer de entre la gente:
una mariposa azul,
en la tormenta del azar,
batiendo sus alas en el caos aparente,
deshilvanando los sueños
que yo sueño.
David Sánchez-Valverde Montero (Mi primavera contra el mundo)
Imagen: Iñaki Mendivi Armendáriz
martes, 27 de agosto de 2019
RIÑA ENTRE DOS NIÑAS
Prosa
le dijo a Poesía, mirándola con desdén: Mira que eres remilgada, pomposa
y hasta ridícula, con la falda de vuelo y tu pasear de puntillas. Y esa pose
misteriosa, ocultando los ojos, diciendo verdades a medias y tu andar de
mística loca.
Poesía
se enfadó un poco, y echó una mano a la orejita como si no hubiera entendido
bien. Le replicó con sarcasmo:
¡Oh! qué hosca hermana
que en suerte he de
soportar,
su lengua, su trato, ¡qué
desgana!;
si a pesar de sus
hermosuras
apenas si logra respirar
en su vestido azul sin
costuras.
La madre de ambas, Literatura,
se abrió paso por la disputa: ¿Por qué no hacéis algo juntas? Algo bello para variar…
Al cabo las dos hermanas
se presentaron ante su madre, risueñas y algo azoradas pues aún se amaban un
poco. Al unísono declamaron:
Si el vestido de una a
veces vuela muy alto, y el de la otra casi le hurta el aliento, tal vez tejamos
juntas uno nuevo de finos tirantes, tela muy rica en detalles, corpiño ni
holgado ni estrecho, falda de vuelos rasantes y una rima en el pecho.
David Sánchez-Valverde Montero
miércoles, 21 de agosto de 2019
martes, 13 de agosto de 2019
Cordura
Cordura
Salgo de paseo con mi cordura.
No es un cómodo caminar,
no es agradable, no lo es;
tira de mí sin descanso,
sin pausa lucha, pugna,
contra el aire arremete.
La sostengo a mi lado
con todo el ímpetu de mi cuerpo,
entre las manos
la cadena de la voluntad.
Sigue intentándolo
una y otra vez,
casi me hace caer,
a veces trastabillo, pero
no la suelto, no la dejo ir…
Ahora no.
En fin,
regreso a casa
y bajo llave la cuido,
en un arca custodiada
en una profunda trinchera
con piel de alambre de espino,
por dos dragones alados,
una espada de luz, virutas de fantasía,
por mi locura de vida incendiada
y Cancerbero dormido.
David Sánchez-Valverde Montero (Mi primavera contra el mundo)
Fotografía: Iñaki Mendivi Armendáriz
martes, 6 de agosto de 2019
Zozobra
El bus urbano que me devuelve a casa tras el trabajo se detiene, y seguidamente
bufa como un animal de carga. Fuera hace tanto calor que el aire parece haberse
coagulado: a través del cristal las gentes en la parada apenas se mueven,
alguno de ellos se levanta pesadamente para entrar en el vehículo, otros salen
del autobús, también con lentitud, casi incandescentes nada más posarse sobre
el asfalto. Todo vuelve a su quietud; la pausa se prolongará un poco más pues
el conductor parece esperar al relevo.
La descubro entonces, en el margen derecho de mi mirada somnolienta: casi
de perfil, sentada en un banco cercano a la marquesina. Parece esperar, o tal
vez deja pasar el tiempo; ignorando el calor, los pasos de los viandantes que
ocultan su silueta por un momento, indiferente también a mis rutinas, a mis
ojos que intentan sostener el instante que ella habita. No se muestra, movimientos
exiguos, no alcanzo a ver el resto de su anatomía pues mi asiento está alejado
del cristal y no me parece oportuno asomarme como una bestia sedienta. Así que
habrá de bastar. Si tan solo se ladease un poco: apenas el resto de sus labios,
tal vez una mirada esquiva, algo, algo más que ese perfil ideal y las míseras
transparencias que serpentean en su pamela.
¿En qué estará pensando su alma de mujer? ¿Qué habrán visto esos ojos?
¿Cómo será un periplo por su piel? Una extraña zozobra me invade a medias entre
el placer y el dolor: la posibilidad de un horizonte y por el contrario mis
pies encadenados, mis alas rotas. Aquí dentro de este autobús, sin coraje para
equivocarme, correr el riesgo de un salto impreciso y una nueva derrota.
Un hombre aparece y se sienta junto a ella: algo sin nombre colapsa, se
extingue dentro de mí. Tampoco ahora me ofrece su rostro, pues se funden ambos
en un beso largo y profundo. La cara del amante sí me alcanza; y aunque por un
instante lo creo posible, no soy yo. Recuerdo haber besado así. Hace mucho
tiempo…
El vehículo despierta y me arroja de nuevo a mi vida. Sé que lo que acaba de morir una vez más en mi interior sí tiene nombre: es la alegría de vivir. Pero al menos esta vez la soledad no será la única compañera que regrese a casa junto a mí; pues unas ondas suaves, sutilísimas, recorren ya mis sienes y revelan la belleza, la zozobra de sentirse vivo.
viernes, 2 de agosto de 2019
Silencio
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